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Los neumáticos, protagonistas inesperados

Nico Rosberg completó un fin de semana prácticamente impecable en un Gran Premio de Brasil marcado por uno de los factores que más protagonismo había perdido esta temporada: la alta degradación de los neumáticos. Y la clave de dicha situación residió en dos factores: la elección de neumáticos por parte de Pirelli y el reasfaltado que se practicó en el circuito de Interlagos para este Gran Premio.

Tras una temporada en la que hemos tenido carreras en las que los neumáticos seleccionados eran excesivamente duros, Pirelli decidió cambiar su elección inicial y optó por el compuesto blando y medio para esta carrera. Pero quizá no contaban con un factor adicional: que la organización iba a reasfaltar el circuito, lo que desemboca en una superficie mucho más abrasiva de lo habitual. Además, las previsiones de lluvia se cumplieron, aunque sólo en parte, por lo que tanto los entrenamientos como la carrera se desarrollaron en seco, pero sin que el líquido elemento permitiera que el asfalto se fuera cubriendo de goma y, por tanto, fuera cada vez más adherente.

Que en Interlagos el motor iba a ser importante era de sobra conocido, al tratarse de un circuito con bastantes desniveles y zonas de aceleración y velocidad punta, pero fue la aparición del graining y, sobre todo, el blistering, lo que llegó a colocar a los Williams en las apuestas de posibles ganadores incluso al nivel de unos Mercedes que sufrían en exceso con estos singulares efectos que las temperaturas producen en los neumáticos.

El blistering -que en esta ocasión apareció en el compuesto medio- se produce cuando hay un sobrecalentamiento en la parte interior del neumático respecto a la exterior, lo que provoca que la goma se separe de la carcasa y se formen ampollas en la banda de rodadura. Las causas de ese calentamiento pueden ser múltiples, pero en esta ocasión hubo dos razones principales: neumático demasiado blando y numerosas curvas de radio largo presentes en Interlagos, que exigen mucha carga lateral al neumático. Este efecto suele darse en los neumáticos traseros, pero al tratarse de un circuito que tiende a provocar problemas de agarre en el tren posterior (sobreviraje), los reglajes que los ingenieros utilizaron para paliar eso trasladaron el problema principalmente a los neumáticos delanteros.

Por su parte, el graining -que afectó al compuesto blando-, es lo contrario que el blistering. La banda de rodadura -como consecuencia del patinaje- coge excesiva temperatura en una pista no lo suficientemente caliente y esa descompensación produce que la goma desprendida, en lugar de pegarse al asfalto, se quede adherida al neumático, formando gránulos.

Ambos efectos eran la baza de Williams para, al menos, tutear a Mercedes pero, a la hora de la verdad, todos los pilotos sufrieron de ambos males y, tanto Rosberg como Hamilton, pudieron jugarse la victoria sin oposición. Llegados a ese punto, el británico y líder del mundial -que partía segundo- demostró recuperarse de sus problemas iniciales del viernes mostrando un ritmo de carrera superior al del alemán, pero un error que le hizo salirse de pista en la vuelta 28 hizo que perdiera opciones de adelantarle en las paradas en boxes y, por tanto, que intentar superarle en pista fuera demasiado arriesgado a una sola carrera del final del campeonato.

Un Gran Premio más, la superioridad aerodinámica y mecánica con la que Mercedes cuenta ha posibilitado que Rosberg y Hamilton se midan en pista sin oposición y eso nos permitió ver cómo Lewis se adaptó mejor al reto de sobrevivir en pista con unos neumáticos en mal estado. Pero en la Fórmula 1 el factor humano, aunque no lo parezca, sigue siendo determinante. Y, en ese sentido, esta vez fue Nico Rosberg quien puso más de su parte para llevarse la victoria.

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